A veces, cuando sientes que no puedes hacer feliz a la persona que más quieres en tu vida, crees que lo mejor es apartarte de su camino, dejarle ir y que otra persona le haga feliz y le dé todo lo que no consigues darle. Porque si de verdad le quieres, lo único que te importa es su felicidad... no importa quién se la dé.
Pero de repente te das cuenta de que no puedes dejarle ir. Que él es tu droga... que es exactamente tu marca de heroína. Te das cuenta de que sin él tu mundo se acaba, que ya no tendrías razones para respirar... que tu corazón no tendrá motivos para seguir latiendo.
Sabes que le has hecho daño, que quizá ya no te quiera como antes... que la magia va desapareciendo... que el fuego se va apagando. Tal vez sea tarde, pero reaccionas y aunque ya no puedas volver atrás solo te queda pedir perdón y luchar por tu sueño... por mantenerlo a tu lado.
Sintiendo que el mundo se te derrumba, que las lágrimas te ahogan, que el alma se te rompe en mil pedazos como si de un espejo se tratara, sacas fuerzas de donde sea, luchas como se te fuera la vida en ello. Intentas explicar como te sientes, tratas de hacerle entender lo que él significa para ti... él no lo entiende, porque no puedes expresar tus sentimientos. No existen palabras ni gestos para demostrarlos, así que te "conformas" con pedir perdón una y mil veces más, intentando que tu futuro no cambie, tratando de que sea él quien camine a tu lado, pensando la mejor forma de hacerle feliz, de hacer que su corazón sonría eternamente mientras intentas llegar a él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario